Las cosas son salidas de un circo. Cómo aquel día en el banco rojo
-ese que está debajo de mi casa, ya sabes cuál te digo-
tú y yo sentados mirando a la nada,
con todo el sol cargado a las espaldas.
Y entonces pasa un desconocido y otro y otro,
Y de ninguno nos sonaba la cara.
Y pasó un último loco, y sin girarse nos saluda con la mano.
Ahí estábamos: El banco rojo, mi falda azul, tu sonrisa floja y lila, y la mano blanca del loco.
Y el amarillo a la espalda, que no se nos olvide el amarillo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario